El proceso se lleva a cabo en varias fases. En la primera fase se separa la capa de tierra vegetal, que apilamos de manera adecuada para permitir su oxigenación y garantizar su conservación. Lo hacemos con el máximo cuidado porque, al finalizar nuestro trabajo, la extenderemos sobre las fincas para su completa restauración.
En la segunda fase, se realiza el cribado “in situ” mediante un precribador alimentado por una retroexcavadora donde se separa el cuarzo mayor de 40 mm. Tamaño indicado para su uso metalúrgico y que supone el 8% del total. Simultáneamente y con una pala cargadora, se rellena y nivela el hueco de explotación con el resto de los materiales procesados que están por debajo de la medida mínima.
Este modelo de trabajo respeta el medioambiente y es compatible con las actividades socioeconómicas tradicionales en el entorno rural. Además, sólo desarrollamos nuestra labor en dos hectáreas de forma simultánea, lo que nos permite minimizar el impacto visual, el medioambiental y el acústico.
Régimen de alquiler con los propietarios
Trabajamos en régimen de alquiler, pactando previamente las condiciones económicas y devolviendo las fincas a su propietario en un estado óptimo de conservación cuando concluimos el proceso. En ningún caso se pierden las ayudas de las PAC.
Más de 800 propietarios han ratificado el perfecto estado de los terrenos para retomar las labores previas manteniendo, e incluso aumentando, su productividad y rentabilidad después del sistema de cribado que llevamos a cabo.
El cumplimiento de este compromiso nos ha permitido mantener y compatibilizar el desarrollo de nuestra actividad durante más de 40 años en diferentes territorios con una importante concentración de explotaciones agrícolas, ganaderas y con proyectos de turismo sostenible.